Hoy, mejor, la sombra
Hoy, mejor, me quedo en esta sombra, hasta que pasen las villanías de la metrópoli diurna. Bocinas, escapes, perros y humanos ladradores. Anónimos caminantes con zapatos que muerden talones, bolsos y portafolios que golpean. Multitud acelerada que empuja a los que hemos devenido tortugas. Cruzar la avenida, ay, los que vienen de frente y dejan sueltos sus brazos, dan de lleno con sus nudillos en las manos de los desprevenidos o poco hábiles para esquivar. No. No creo poder soportar indelicadezas, gestos hostiles, miradas dentadas. Hoy no estoy apta para la urbe feroz.
Ni la naturaleza aguanto hoy cerca. Todo araña. No le echo la culpa, pero esa luz chillona lacera ojos la encuentro indecente. Ese aire hosco y seco que agrieta... Ninguna culpa tiene el viento por arremolinar y esparcir tierra. Pero sin vendas, hoy no resistiría. Tampoco tienen la culpa los conversadores que hoy no puedo escuchar, sólo puedo percibir palabras sueltas que nacen y se desvanecen una tras otra, seguro que tienen algún sentido, pero para otros, yo hoy, llego tarde a todos los sentidos. Será porque me hablan de la vida, y qué se yo de eso hoy, si casi no estoy. El mundo no sujeta y ando suelta a la deriva. Ni escuchar ni hablar. De qué podría hablar. Hoy mejor no hablo, porque de la garganta sólo me salen vidrios.
En tiempos de muerte seca no hay lugar para portadores de heridas ni de muerte. El duelo recuerda la muerte. ¡Pero en las ciudades modernas la muerte está prohibida! ¡Muerte, muertos y murientes al cementerio! ¡A la noche soledad, y nada de hacer ruidos, que la vida es de los vivos! Hoy, mejor, me quedo en la sombra, hasta que nazca una piel o muera la herida.
imagen del pintor danés V. Hammershoi



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