lunes, 14 de julio de 2008

Insomnio y escritura




Noche petrificada. Imágenes inexorables que desfilan y crecen… Sensaciones que se agudizan en distintas partes del cuerpo. Posiciones que sucumben a la impaciencia. Latidos que se vuelven furiosos y conscientes… Hasta que aparece el indicador irrefutable, sí, el insomnio viene a instalarse: el latido en la oreja en contacto con la almohada! Un verdadero tormento. Además, lo encuentro absolutamente incomprensible, ¿qué tipo de latido es ése? ¿desde cuándo una oreja late? Primera desmentida: esto no puede estar ocurriéndome. La irracionalidad perturbadora de ese fenómeno, además de la molestia, me conducen a una deriva enloquecida de pensamientos que ensayan rescatarme.
Suelo pasar a la etapa ’desvío hacia lo exterior’, y así aparece la espera del próximo auto, luego la atención extrema al que pasa… Irrumpe una enorme fauna nocturna que parecía desconocer durante el día. Paredes que crujen. Goteo de canillas lejanas o imaginadas. Acoso de gotas de plomo!Probemos otra cosa! Pasemos a la historia, ésta es una etapa algo más "psi", empiezo la reconstrucción imaginaria del día para despejar alguna molestia y para hacer tiempo hasta que me sorprenda el sueño.
Nada. Pasemos a la etapa “biologista”. ¡Tomé mucho café! ¡Comí demasiado! ¡Vamos al baño! ¡Vayamos a buscar el trago de agua! ¡A ponerse los soquetes para los pies demasiado fríos! Nunca falta la esperanzada reparación en el armado de la cama: estirar la sábana y el dar palmadas a la almohada. Minutos enteros para acomodar y ajustar la colcha… Cada ritual adquiere un tinte decisivo..., ya viene, ya viene…
Lo teórica y técnicamente más eficaz es acudir a alguna cara fantasía para crear la apacibilidad necesaria para detener la mente... A veces no funciona, interrumpen preocupaciones, o lo que es peor, irrumpe esa censura burlona que te dice eso es imposible, ridículo, intrascendente y un largo etcétera…Censura que te hace metástasis en el cerebro y te advierte que cualquier idea consuelo es eso, idea consuelo, y te recuerda todo lo que no eres, lo que no has hecho, lo que no puedes ni podrás jamás… Censura que no te da crédito para el futuro y te reenvía al desfile de tus resbalones en la vida, de tus equivocaciones, de tus momentos de desamparo, y atrapada entre las sábanas que ajustaste, no te queda otra que mirar y lamentarte…
Ninguna duda: se trata de esas noches en las que no te puedes ilusionar tranquila.
¿Vendrá la vejez junto con el insomnio? Se me criticará que no cuestione esta conjunción prejuiciosa que consagra el sentido común. Pero intentemos avanzar. A esta altura me vienen esas ideas… ¿Para qué dormir tanto si me queda tan poco de vida? En sentido estricto solo niños y jóvenes pueden dormir, tienen todo el tiempo por delante, viven como inmortales…Está bien, no soy tan vieja, no importa, una vida puede ser joven y detenerse de golpe. Justamente, esta conciencia es la que nos delata como seres de mediana edad: somos jóvenes y nos podemos morir igual, aunque nada trascendente hayamos hecho en nuestra vida, aunque no hayamos cumplido nuestros deseos... La espera desespera. Es en esos momentos en que advierto, con la certeza de lo evidente, que EL CUERPO NECESITA ESCRIBIR PARA VIVIR; será el texto inconsciente que produce el sueño o mi relato frente a la máquina o un papel… Me levanto y escribo. Y el espíritu de pesadez desaparece y las gotas de plomo en el oído cesan… A veces, luego de escribir un rato, despierto al sueño de la vida otra vez…
Imagen: la noche de los íncubos, Lorenzo Goñi

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